martes, 2 de mayo de 2017

Qué hacer entre la gente

Ni me convenció el día de ayer, ni termina de convencerme el de hoy. Yo creo que unos días una se siente más asperger que otros. Y es uno de esos días que me siento más ajena a la realidad circundante. O simplemente, mi cuerpo me pide algo de soledad a gritos.
Me levanto siempre con prisas, porque parece que llevar al niño al colegio es una especie de competición. Da igual que madrugue más, la lentitud se determina cuando él se pone en pie, y no hay nada que hacer. No me puedo tomar las mañanas precisamente con relajación.
Los martes tengo pilates y acto seguido pintura, y aunque todo eso es probablemente muy bueno para mí (es una rutina, me socializo, aprendo cosas útiles, etc) me acarrea no poder ocuparme de casa y que quede todo para luego, llevar prisas y calentarme un poquito la cabeza para decir las cosas banales de turno en su momento oportuno, callar cuando se debe callar, sonreír cuando se supone que es lo que corresponde...
Uf, luego tengo a la gente que me da trabajo y a la que no puedo ni nombrar ni decir nada. Y no tengo tiempo de hacer cosas que me apetecen, sólo puedo soñar con ello, y no hago lo que me apetece casi nunca sino lo que es "mejor", "conveniente", "apropiado"...
No y no, la gente es un ingrediente imposible de controlar, y al interferir en tu vida, no puedes hacerla cómo quieres y yo me digo: ¿qué hacer? Al final ni lo que quieres ni lo que quieren y todo se queda quizá en lo mediocre... O también sea quizá según qué gente

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